La mayoría de las veces termino escribiendo sobre lo mismo. No siempre soy consciente, pero pasa el tiempo, releo el texto y veo que he vuelto a caer en temas que he tratado un millón de veces. Me parece inevitable y creo que buscar algo novedoso, otros temas que tratar, iría en contra de quien soy como persona ahora mismo: me muevo en las obsesiones porque soy una persona obsesiva y me brinda cierta calma encontrar rutina en las cosas que trato o con las que trabajo habitualmente. A veces tampoco soy consciente de esas obsesiones hasta que pasa un tiempo y ato cabos; llego a ellas dando vueltas y parándome en diferentes sitios antes. También pienso que aquello que te obsesiona puede presentarse de tantísimas maneras… ¡Las obsesiones contienen multitudes!

De un tiempo a esta parte (1992-2026) la fotografía, el cine, todo lo que tiene que ver con la mirada, ha sido una constante en mi día a día. Como he contado ya varias veces, llegué a la carrera de literatura después de pasar por un Ciclo Medio de Laboratorio de Imagen y otro Superior de Realización de Audiovisuales. En aquel momento dar el salto del audiovisual a las letras tenía todo el sentido del mundo. Lo vi como un paso natural porque las letras también me brindaban lo que me brindaba la foto y el cine: la posibilidad de contar, de seguir observando. Después de la carrera empecé a trabajar en el sector editorial y pasaron un montón de cosas que hicieron que básicamente no hiciera nada. Tardé un tiempo en recomponerme, pero el año pasado por estas fechas me animé y publiqué mi primer fanzine. Se titulaba Peep Meadia [sic]1 y recopilaba algunas imágenes que grabé escondida desde diferentes habitaciones de hotel en Japón. El título lo pillé de A Genealogy of «Peep Media» and the Gaze, una exposición a la que fui en el Museo de Fotografía de Tokio en 2023. Recuerdo ir a buscar los ejemplares a la copistería de mi barrio y ser incapaz de sostener la cajita porque me temblaban mucho las manos de los nervios. Era la primera vez que iba a sacar algo así ahí fuera y me inmovilizaba un poco esa sensación nueva y extraña de que podía hacer lo que quisiera sin pedirle permiso a nadie. Editarse y publicarse a una misma es tan divertido y bonito: ¡solo te tienes que pelear con los de Correos!
